El comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo, Neven Mimica, en una imagen de archivo (Foto: Comisión Europea)

La semana pasada, el presidente de EE.UU, Donald Trump, anunció su decisión de retirar a su país del Acuerdo de París. Ese anuncio forma parte de otros en el mismo tono, que apuntan a la reducción de la solidaridad internacional de Washington. Son decisiones muy preocupantes, pero no deben apartarnos de la titánica tarea que tenemos por delante, asegura el comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo, Neven Mimica, en una tribuna para EURACTIV.   

EE.UU se aleja del apoyo a los países más pobres y en protección del clima

Esos acuerdos suponen un gran logro para la humanidad. Un logro que no se puede dar por hecho. La semana pasada, el presidente de Estados Unidos anunció su decisión de retirar a su país del Acuerdo de París. Ello se produjo tras (otro) anuncio previo sobre la reducción del apoyo de EE.UU a (la ayuda) al desarrollo, incluido el asunto crucial del apoyo a la salud reproductiva en los países en vías de desarrollo. Esas decisiones son muy preocupantes, pero no deben apartarnos de la inmensa tarea que tenemos por delante.

Para la Unión Europea (UE) y sus Estados miembros, esos compromisos internacionales son irrevocables. Y traducirlos a la práctica no es una promesa lejana, es una urgencia esencial.

Por ello hemos iniciado acciones conjuntas con vistas a reformar la manera cómo cooperamos con los países en vías de desarrollo, y para adaptarla plenamente a los nuevos retos globales. El 7 de junio de 2017 los presidentes de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo han firmado un Nuevo Consenso Europeo sobre Desarrollo, que todos los países (del bloque) también han suscrito. Con ello, de ahora en adelante quedarán estructuras todas nuestras actividades de desarrollo a nivel de la UE y a escala nacional.

La UE, una potencia mundial el ayuda al desarrollo

La UE es desde hace tiempo la primera potencia mundial en cooperación al desarrollo. Junto con los Estados miembros proporcionamos cerca del 60% de la ayuda total destinada a los países en vías de desarrollo, muy por delante de otros países donantes. A modo de ejemplo, sólo durante la última década, gracias al respaldo de la UE, más de 74 millones de personas pudieron tener acceso a agua potable y casi 14 millones más de niños y niñas lograron asistir a la escuela primaria.

Reformar una política tan bien arraigada como esta supone tener una enorme valentía política. Lo hemos hecho reconociendo que nuestro enfoque en cuestión de (política) de desarrollo no puede seguir siendo el mismo, en un momento en el cual el mundo a nuestro alrededor está cambiando de manera tan profunda. Los retos que afrontamos hoy en día son más complejos, están más conectados, y son más globales que nunca: desde el cambio climático hasta los movimientos de refugiados y migratorios sin precedentes, hasta las crecientes desigualdades y los cambiantes patrones de pobreza que afectan a los países a todas las etapas del desarrollo.

Con este nuevo Consenso, cambiamos nuestro enfoque al concentrarnos no sólo en cada uno de los sectores tradicionales de la cooperación de manera individual, sino en la imagen de conjunto, con acciones que integran de forma sistemática los aspectos sociales, económicos y medioambientales del desarrollo.

Todas las áreas del desarrollo están conectadas

Piensen en ello: ¿Cómo podríamos centrar el esfuerzo en el sector sanitario sin (atender la cuestión) de la igualdad de género y promover la salud reproductiva de las mujeres y sus derechos? ¿Cómo podríamos impulsar el refuerzo de la red eléctrica de África si no podemos garantizar que la energía proviene de fuentes renovables? ¿Cómo podríamos ayudar a construir nuevas escuelas e infraestructuras en áreas donde la guerra todavía se sigue cobrando vidas, y amenaza constantemente cualquier logro en materia de desarrollo?

Todas esas cuestiones están conectadas, y también lo estarán nuestras medidas para afrontarlas. En el marco del Nuevo Consenso Europeo (para el Desarrollo) ponemos un énfasis especial en importantes elementos transversales, entre ellos la igualdad de género, la juventud, la energía sostenible y la acción climática, la inversión, la migración y la movilidad. Las actuaciones en cada una de esas áreas pueden tener un enorme impacto de transformación de manera generalizada.

Poner fin a la pobreza en el mundo es y será el objetivo principal de nuestra política de desarrollo. Pero para alcanzarlo tenemos que reforzar las conexiones con otras políticas, incluidas las (relativas) a la paz y la seguridad, la ayuda humanitaria, la inmigración y el clima, y garantizar que tienen en cuenta los asuntos relacionados con (la política) de desarrollo.

¿Cómo lo haremos?

Juntos, todas las instituciones de la UE y todos los Estados miembros nos hemos comprometido a cooperar y a coordinar todavía más estrechamente. Queremos optimizar nuestro impacto, eficacia y visibilidad. Comenzando, por ejemplo, con la programación conjunta de nuestra ayuda al desarrollo.

Si echamos un vistazo a todos los sectores y actividades que queremos apoyar en un país socio, y un determinado Estado miembro de la UE destaca por su apoyo a la agricultura sostenible, al tiempo que otro posee una gran experiencia en mejorar el sector educativo, y la ayuda de las instituciones de la UE se focaliza en reforzar la buena “gobernanza”, ¿por qué no diseñar nuestro trabajo desde el principio de acuerdo con nuestras respectivas ventajas comparativas, para evitar solapamientos y maximizar las sinergias?

Allí donde sea posible, buscaremos oportunidades para obtener recursos y reducir las cargas administrativas, permitiendo un (proceso) de toma de decisiones y de aplicación más rápido y más flexible. El Fondo Fiduciario de la UE para África es un buen ejemplo. En un lapso de tiempo muy corto desde su establecimiento, ha destinado 59 millones de euros a apoyar la paz, la estabilidad y la creación de puestos de trabajo en el Cuerno de África, y sus primeros proyectos ya están ayudando a atajar las necesidades urgentes.

Estas son sólo algunas de las muchas posibilidades, pero estamos decididos a sacar el máximo provecho a nuestros recursos compartidos.

¿Y los recursos necesarios?

Esto me lleva a plantear otro asunto crucial: los recursos. Para pasar de los miles de millones que invertimos actualmente, a los billones que se necesitan para lograr un verdadero desarrollo sostenible a escala global, necesitamos encontrar nuevas formas de financiación y alentar a todos los socios a que asuman su responsabilidad, incluido el sector privado y los países socios.

Al tiempo que la ayuda al desarrollo tradicional sigue siendo crucial, en el contexto del Nuevo Consenso lo combinaremos con otros recursos. Seguiremos apoyando a nuestros socios en su recaudación de impuestos promoviendo las buenas prácticas, la asistencia técnica y el intercambio de conocimiento. Una fiscalidad eficaz en nuestros países socios es esencial para reducir la pobreza, proporcionar servicios públicos básicos y para permitir (re) inversiones en desarrollo.